Historia de Valderrodrigo

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Los orígenes

Los orígenes de Valderrodrigo (Val de Rodrigo) hay que buscarlos en la repoblación de Ledesma y su tierra, llevada a cabo desde la época del rey de León D. Alfonso VI (1066-1109), una repoblación inestable, hasta la época del rey de León D. Fernando II (1157-1188), cuya repoblación fue más duradera.

Parece que Valderrodrigo debe su nombre al conde D. Rodrigo González Cisneros, quien cambió este apellido por el de Girón después de la batalla de la Sagra en que, viendo desmontado al rey D. Alfonso VI, le dio su propio caballo y al ayudarle a ponerse en la silla, le arrancó sin querer un girón de la sobrevesta.

La historia de Valderrodrigo ha estado muy ligada a Ledesma. De ella se dependía tanto en lo jurisdiccional como en lo eclesiástico. A Ledesma tenían que desplazarse los vecinos de Valderrodrigo para firmar las escrituras de los contratos de arrendamiento de las tierras, a examinarse aquellos que querían obtener una autorización para establecer un negocio en el pueblo como herrero, carpintero, sastre, hasta que Vitigudino fue considerado cabeza de partido judicial en 1820.

La repoblación de Salamanca, Ciudad Rodrigo y Ledesma fue una repoblación de carácter concejil, que exige dar facilidades y privilegios a los que acuden a este territorio de frontera a repoblar.

Se dota a estos territorios de un fuero por el que se busca la igualdad jurídica entre sus habitantes. Junto a los campesinos y labradores-caballeros surgen otras profesiones: panaderos, carniceros, sastres, etc.

En todos estos concejos se da un fuerte localismo, se diferencia a los vecinos de los que no lo son y concede a los primeros unos privilegios y unos deberes de los que carecen los que no son vecinos. Para ser vecino se exige tener posesiones, bien propias o en arrendamiento, en la localidad y fijar en ella la residencia y pagar los impuestos del concejo. Los vecinos participan de los bienes comunales: montes, pastos, dehesas, etc..; y gozan de una mayor protección judicial y participan en el gobierno de la ciudad a través de la asamblea concejil. La vida del concejo está organizada y dirigida por la asamblea de todos los vecinos, por los funcionarios municipales y por los representantes del rey. Hasta mediados del siglo XX, en Valderrodrigo, las decisiones para el aprovechamiento de los pastos, la bellota, la leña, la apertura para labrar (alzar) las tierras, etc. se tomaban en la reunión del concejo, que la mayoría de las veces se reunía en el toral de la fragua.

En el fuero de Ledesma queda definida la función del pastor.

Pastores: tienen una importante relevancia en el pueblo de Valderrodrigo al basarse el aprovechamiento ganadero en una explotación común de los recursos.

El fuero de Ledesma dice del oficio de pastor:

«Estees pastor a fuero de Ledesma: pastor que ganado curia en villa o en aldea, e por mañana lelo echan e de noche lo coyen cada uno en sus casas”

Los fueros establecen que a la dehesa concejil podía llevar cada vecino hasta veinte cabezas de ganado ovino y caprino y cuatro vacas de leche con sus hijos. En estos reglamentos se fundamenta la tasa de ganado establecida en Valderrodrigo para el aprovechamiento comunal de los recursos.

A la hora de levantar una nueva población, se buscaba un lugar que fuese de fácil defensa y que estuviera cerca de alguna fuente o corriente de agua permanente, situado en un terreno salubre, por lo general en una loma o colina. Según fuera el terreno más o menos fértil se fijaba más o menos población. Una vez ubicado el núcleo de población se fijaban las dimensiones del término municipal que se iba a dar en cultivo a los colonos que habían acudido a la repoblación y se le otorgaba la correspondiente carta puebla. La carta puebla contiene una serie de privilegios que se otorgaba a los que habían acudido de otros lugares a poblar lo ganado, es una especie de pacto entre los señores propietarios de la tierra y los pobladores.

A la hora de fijar las dimensiones del término correspondiente al nuevo poblado se tenía en cuenta que la distancia desde el pueblo o núcleo de la población a los extremos del término no fuese superior a dos leguas de norte a mediodía o de naciente a poniente, para que no se perdiera mucho tiempo en los desplazamientos para realizar las tareas de labranza o pastoreo. Una vez fijada la superficie del término y determinada la cabida de vecinos se procedía a fijar las suertes que habían de corresponder a cada vecino.

Las suertes se compondrán de cuarenta y cinco fanegas de tierra labrantía, sembrándose a dos hojas, a veintidós fanegas y media por cada hoja, que es lo que puede labrar una yunta de bueyes; y si fuese de naturaleza que necesite dos años de descanso, será la suerte de sesenta y siete fanegas y media, para que en cada hoja tenga el labrador las veinte y dos y media sembradas, cuidando mucho de que sea igual la condición de los dichos labradores, a fin de que todos disfruten dentro de una misma clase de tierras de la de todas calidades en los menos pedazos que sea posible y más cercanas a sus respectivas casas, observando todos los vecinos en un lugar labrar su respectiva hoja en un mismo pago, sin permitirles arbitraria alteración sin grave necesidad.

Será preferido en la concesión de suerte todo pretendiente de una yunta simple, bien sea labrador de profesión o senarero, o de otro oficio, constando que se halla habilitado con yunta, aperos y demás necesario, informándose reservadamente la Junta, en cuanto a estos últimos, de los motivos por qué mudan de oficio, y si hay inconveniente en permitirles que abandonen el que antes tenían, no siendo compatible con el de labrar por su propia persona.

Se prohíbe absolutamente todo subarriendo.

Establecidos los pobladores con verdadera vecindad, serán obligados a mantener su suerte bien cultivada con su yunta, aperos y demás necesario a un labrador; y en el caso de que por su notable decadencia deje inculta la suerte o se hiciese insolvente, sin arbitrio a mejorar la condición, se nombrará otro, y son los dos únicos casos en que tendrá lugar el despojo.

No podrá el dueño aumentar la renta de la tierra y pastos de cada suerte, ni ésta se podrá dividir por muerte del poblador, ni imponerse carga alguna sobre el dominio útil de la casa, ni unirse con otra suerte, ni disfrutarla quien no sea vecino verdadero de residencia fija en el pueblo respectivo conforme a la ley del Reyno”.

En Valderrodrigo las tierras de siembra eran poco fértiles y por eso se dividían en cuatro hojas llamadas: la de arriba, la del carrascal, la de la mata y la del castro. Una se sembraba, otra se abarbechaba para ser sembrada al año siguiente y las otras dos restantes era donde pastaban, fundamentalmente, las ovejas agrupadas en piaras a cargo de un pastor. La tierra se sembraba cada cuatro años. Esta división en cuatro hojas se mantuvo hasta finales del siglo XVIII. La producción cerealística del terreno de Valderrodrigo era muy pobre, lo que hizo que se potenciara la ganadería sobre la agricultura y esto llevó a que se dejara de roturar gran parte de las tierras. Las tierras de labor pasaron a dividirse en dos hojas y a finales del siglo XIX se hace otra división de las tierras de labor, al volver a roturar las tierras que se habían abandonado para pastos, quedando dividido el término de Valderrodrigo en tres hojas de labor como ha llegado hasta nuestros días.

Valderrodrigo, desde sus orígenes, quedó encuadrado en lo administrativo y judicial en la jurisdicción de Ledesma, cuyos límites quedan establecidos por el río Tormes al nordeste, que la separa de la provincia de Zamora; el Duero al oeste la separa de Portugal; al mediodía el Yeltes y el Huebra la separan de la jurisdicción de Ciudad Rodrigo y al este el arroyo de la Valmuza la separa del distrito de la capital.

La villa de Ledesma tiene sus orígenes doscientos años antes de Cristo y en época romana se la conocía como Bletisa, Letisa, Ledisa y uno de los ramales de la vía romana de la plata pasaba cerca de Ledesma.

Tras ser conquistada y arrasada por los árabes, se repobló definitivamente en la segunda mitad del siglo XII por orden de Fernando II, por el año 1169, siendo propiedad de la Real Corona.

En el año de 1462, el rey D. Enrique IV la dio a su favorecido yprivado D. Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque, en cuya casa y descendencia se conservó con título de Condado hasta finales del siglo XIX.

En las contestaciones dadas por los vecinos de Valderrodrigo para la elaboración del Catastro de Ensenada en 1752, manifiestan que:” El lugar es de señorío y pertenece al Señor Excmo. Duque de Albuquerque, conde de Ledesma, al que satisfacen el impuesto de Alcabalas”.

En cuanto a lo religioso perteneció a la jurisdicción del obispado de la ciudad de Salamanca hasta el año 1181. La jurisdicción del obispado de Salamanca se divide en cuartos: cuarto de Armuña, Valdevilloria, Baños y Peña de Rey, Ducado de Alba, Condado de Salvatierra, Serranía y Valdobla y Condado de Ledesma.

Durante su reinado D. Fernando II rey de León tuvo que hacer frente a las continuas guerras que los árabes le hacían atacando las ciudades de Cáceres y Badajoz y por otra parte a las constantes incursiones que hacía en tierras de frontera el rey Alfonso Enríquez de Portugal, su suegro.

 En ayuda de D. Fernando II, para atajar las continuas incursiones que hacía en territorio leonés el rey de Portugal, acudió el Conde de Urgel Armengol VII. Una vez derrotado el ejército del rey de Portugal D. Alfonso Enríquez y su hijo D. Sancho, sucedió un periodo de cierta estabilidad entre los dos reinos.

Como gratitud a la ayuda prestada por el Conde de Urgel Armengol VII, en el año 1171 los del Concejo de Ledesma y sus alcaldes, a instancia de los reyes D. Fernando II y Dª. Urraca, dieron al Conde de Urgel y a su mujer Dª. Dulce a Barrueco Pardo, con todos sus términos, y pertenencias, distrito, y señorío y lugares antiguos; con montes, valles, tierras rotas y por romper, huertos, linares, viñas, prados, pesqueras, ríos, y molinos.

Cuando se dice con todos sus términos, distritos y señorío se incluye a todos aquellos pueblos y términos que son pedáneos de Barrueco Pardo, como son: Saucelle, Peralejos de Abajo, Peralejos de Arriba, Cerezal, Milano, Villasbuenas, Barreras, Saldeana, Valderrodrigo, Barceíno y Barceo.

Por un privilegio firmado en Ciudad Rodrigo, a primeros de septiembre de 1181, el conde de Urgel Armengol, y su mujer Doña Dulce, con su hijo, dieron al maestre Don Pedro Fernández de Fuentecalada (primer maestre de la Orden de Santiago), en feudo , según la costumbre de la Tierra de Urgel, toda su heredad, llamada Barrueco Pardo , con todos sus términos, y pertenencias, distrito, y señorío, reteniendo la mitad de las rentas al fuero de Urgel  y esta heredad, llamada aldea de Barrueco Pardo la habían concedido a dicho Conde el Concejo de Ledesma, y sus Alcaldes, en honor, del nombrado señor Don Fernando el II y su hijo el señor Don Alfonso.

Asimismo, por otro privilegio firmado en Benavente a 30 de abril y año de 1190 por el señor Don Alonso IX dio y concedió por derecho hereditario, a la Orden, y al Maestre Don Sancho Fernández, perpetuamente, a Barrueco Pardo, con sus términos, y divisiones, con sus derechos, y pertenencias, con la conminación de la ira de Dios, y de la Real indignación, a todos los que fueren contra el referido Privilegio.

A partir de 1181 los pueblos de Barrueco Pardo, Saucelle, Peralejos de Abajo, Peralejos de Arriba, Cerezal, Milano, Villasbuenas, Barreras, Saldeana, Valderrodrigo, Barceíno y Barceo dejan de pertenecer a la diócesis de Salamanca y quedan perteneciendo a la Orden de Santiago; quedan encuadrados en la encomienda de Peña Ausende, partido de Castro Torafe hasta 1873. Barruecopardo será una de las vicarías más importantes dentro de la Orden de Santiago.

Así, cuando vemos las partidas de bautismo de Valderrodrigo, leemos: “en la parroquia de Valderrodrigo, provincia de Salamanca, partido de Vitigudino, Diócesis vere nullius (significa que no pertenece a ninguna diócesis), Vicaría de Barrueco Pardo de la Militar Orden de Santiago”.

El último bautismo realizado como perteneciente a la Orden de Santiago fue el 20 de febrero de 1874 a un niño que había nacido el 16 de febrero de dicho año y se llamó Valentín Vicente Vicente, hijo de Francisco Vicente Rodríguez y de Plácida Vicente Castilla.

El primer bautismo realizado como perteneciente a la Diócesis de Ciudad Rodrigo fue el de un niño que había nacido el 20 de marzo de 1874 y se llamó Francisco Vicente de la Iglesia, hijo de Polinario Vicente Pascua y de Justa de la Iglesia.

España siempre fue un país eminentemente agrícola y ganadero y la posesión de la tierra ha sido, desde antiguo, un signo de riqueza y distinción. La posesión o disfrute de la tierra fue moneda de pago de los servicios prestados por los nobles y el clero a los diferentes reyes en las continuas guerras habidas. Así en la época del Rey Juan I (1379-1390) para aliviar las penurias del reino dio facilidades para la creación de obras pías y la fundación de capellanías colativas y favoreció la creación de monasterios. A los nobles e hijosdalgo que acompañaban al rey en las campañas militares se les pagaba dándoles la posesión de la tierra o el derecho a percibir parte de los impuestos que se pagaban en diferentes poblaciones o de una comarca entera, según fuera la notoriedad del noble.

Eso pasó con Valderrodrigo, que fue dado en propiedad y heredad para sus sucesores a una serie de señores que veremos a continuación.

La venta de los títulos posesorios de las tierras y casas de Valderrodrigo se produce durante el reinado de Felipe III (1598-1621). Fue este un monarca que no se ocupaba de sus obligaciones para con el reino, no se ocupó en dar soluciones a las necesidades de sus vasallos, antes bien procuraba olvidarlas con el bullicio de los torneos, de las mascaradas, de las corridas de toros y partidas de monterías. Era tal el desgobierno del reino que continuaba la profusión de mercedes a los grandes con títulos de encomiendas y de juros, en especial a los amigos del primer ministro. Lo más común era que el primer ministro y sus allegados compraran cada día casas y haciendas, villas y comarcas enteras de muchos lugares. Es así como D. Juan Díez de Ledesma, casado con Dª. María Nieto, ascendientes de D. Luis Díez Nieto de la Peña, se hizo con la propiedad de 15 yugadas y 1 cuartico de terrazgo en Valderrodrigo.

D. Juan Díez de Ledesma vende en 1613 a D. Antonio Docampo, casado con Dª Francisca Vázquez 6 yugadas de heredad, pasto y labor, con lo que les pertenecía en casas, cortinas, prados, montes y fuentes, abrevaderos, pasto y labranza.

En 1668 D.  Francisco Docampo Sotomayor dona al Hospital del Comendador Sotelo de Zamora 3 de las 6 yugadas que los Docampo poseían en Valderrodrigo.

En las contestaciones dadas por los vecinos de Valderrodrigo en 1752 en el cuestionario del Marqués de la Ensenada, la tierra era propia de:

  • D. Luis Díaz de la Peña.
  • D. Manuel Nieto.
  • D. Manuel Godínez.
  • D. Joseph de Olmaza.
  • D. Alonso de Docampo.
  • D. Francisco Sotelo.

La Capellanía que en el lugar de Guadramiro fundaron D. Pedro y Dña. Elena de la Peña y Villafuerte.

La Pía Memoria que en dicho lugar fundó el bachiller D. Pedro Sánchez.

La Pía Memoria que en Yecla fundó el racionero D. Gonzalo Rodríguez. y se llamó Francisco Vicente de la Iglesia, hijo de Polinario Vicente Pascua y de Justa de la Iglesia.

¿Quiénes eran los propietarios de las tierras de Valderrodrigo?

¿Quiénes eran los propietarios de las tierras de Valderrodrigo?

Los vecinos de Valderrodrigo no fueron poseedores de nada hasta el siglo XIX. Solo eran poseedores de sus manos y de su férrea voluntad de trabajo para subsistir y salir adelante. Trabajar sin descanso para poder comer y dar de comer a sus hijos, por regla general familias muy numerosas. No poseían casa, ni tierra que trabajar; pues como hemos visto antes las casas y las tierras eran propias de la nobleza terrateniente a los que se le habían adjudicado como pago de los servicios prestados a los reyes. El pueblo entero, casas, corrales, calles, tierras labrantías y de pasto, abrevaderos y fuentes eran propiedad de los nobles. Bien es cierto que las tenían en proindiviso entre ellos. En Valderrodrigo no hubo terrenos comunales ni concejiles que pudieran labrar aquellos a los que su condición no permitía pagar una renta. No les quedó más remedio a los vecinos que ser colonos, arrendatarios cortoplacistas de las tierras de los señores y pagar unas rentas abusivas, hubiera o no cosechas. No sucedió como en los pueblos de nuestro entorno donde sus vecinos eran propietarios de las casas y podían trabajar alguna porción de tierra en las tierras concejiles y comunales. De los vecinos de Valderrodrigo no se encuentran escrituras de transmisión anteriores a 1800 porque no poseían nada para poder transmitir. Sólo eran dueños de la yunta y de los aperos de labranza que eran necesarios para poder llegar a ser arrendatarios de las tierras y poder disfrutar del uso de las casas.

Los vecinos de Valderrodrigo vivían constreñidos por un corsé que no les permitía cambiar a mejor su situación económica. Tenían las tierras arrendadas que tenían y no podían aspirar a arrendar más en el término municipal de Valderrodrigo, no podían optar a las tierras de otro colono cuando este fallecía sin el permiso del propietario de las tierras.

Las primeras compras hechas por los vecinos de Valderrodrigo de tierras y los correspondientes derechos anejos a ellas tanto en aprovechamientos como en casas, corrales y cortinas se producen como consecuencia de la publicación del Real Decreto de 18 de septiembre de 1798, inserto en la Real cédula de S.M. D. Carlos IV y su Consejo de 25 del mismo mes, más conocido como “Desamortización de las Obras Pías”. Por el cual se dispone que:” se enajenen todos los bienes raíces pertenecientes a Hospitales, Hospicios, Casas de misericordia, de reclusión, y de expósitos, Cofradías, Memorias, Obras pías y Patronatos de legos, poniéndose los productos de estas ventas, así como los capitales de censos que se redimiesen pertenecientes a estos establecimientos y fundaciones, en mi Real Caxa de amortización baxo el interés anual del tres por ciento. Que deberán hacerse por los medios más sencillos, subdividiéndose las heredades, en cuanto sea posible, para facilitar la concurrencia de compradores, y la multiplicación de propietarios; executándose las ventas, que por esta vez serán libres de alcabalas y cientos, en pública subasta con previa tasación”.

El fin que se pretendía de facilitar la concurrencia de compradores y multiplicar el número de propietarios era muy loable; pero la realidad fue muy diferente, los colonos que podían aspirar a conseguir una propiedad para salir de su situación de explotación y miseria carecían de los medios económicos para hacerse con esas propiedades en pública subasta y en otras ocasiones los tejemanejes y amaños de las subastas por los terratenientes hizo que estas tierras cayeran en manos de la nobleza y en Valderrodrigo no fue una excepción.

Tras la ocupación de España por el ejército francés fue tal el estado de desolación en que quedaron nuestros pueblos, que la carestía y pobreza se apoderó de ellos, no teniendo semillas para poder continuar cultivando la tierra.

Era tan grave la situación de la agricultura en España que por el gobierno de Fernando VII el 27 de septiembre de 1820 se publica el Decreto por el cual se suprimen toda especie de vinculaciones y mayorazgos.

“Las cortes después de haber observado todas las formalidades prescritas por la Constitución, han decretado lo siguiente:

Artículo 1º. Quedan suprimidos todos los mayorazgos, fideicomisos, patronatos y cualquiera otra especie de vinculaciones de bienes raíces, muebles, semovientes, censos, juros, foros o de cualquiera otra naturaleza, los cuales se restituyen desde ahora a la clase de absolutamente libres.

Artículo 2º. Los poseedores actuales de las vinculaciones suprimidas en el artículo anterior podrán desde luego disponer libremente como propios de la mitad de los bienes en que aquellas consistieren y después de su muerte pasará la otra mitad al que debiera suceder inmediatamente en el mayorazgo, si subsistiese, para que pueda también disponer de ella libremente como dueño”.

La rentabilidad del cultivo de la tierra cayó en picado lo que hizo que la mayoría de los mayorazgos iniciasen un proceso de venta de sus propiedades. Este proceso de venta se prolonga hasta el 19 de abril de 1913, cuando los vecinos de Valderrodrigo realizan un último esfuerzo para acometer la compra de las tierras que aún traen en renta pertenecientes a D. Martín Tapia López, heredero del mayorazgo de D. Manuel Nieto.

Evolución de la población

Para conocer la evolución de la población de Valderrodrigo haremos un recorrido por los diferentes censos elaborados a lo largo de los siglos desde su existencia.

En España los primeros censos elaborados con el fin de conocer la población y sus características y donde se intenta incluir a toda la población, siendo la persona individual la unidad básica de conteo y que se obtienen preguntando directamente a las personas, se inician en la segunda mitad del siglo XVIII.

Ya en los siglos XI al XIII se utilizaron los censos para establecer los tributos que debían pagar los cristianos, musulmanes y judíos.

En los siglos XV y XVI se realizan los primeros censos estadísticos, fundamentalmente para conocer los recursos humanos y materiales, no para conocer la población existente y no se incluía a toda la población. Su fin era conocer la población que podía hacer frente al pago de los tributos que exigían los diferentes reyes o señores de cada época.

Son censos de vecinos y sobre todo de vecinos con capacidad de satisfacer tributos, no son censos de habitantes. Aunque el objetivo no fuera el conocimiento de la población en sí, han resultado muy útiles como fuente de información demográfica.

Por vecino se tenía a todo aquel que tuviera una posesión. Para calcular el número de habitantes de un pueblo se multiplica el número de vecinos por el coeficiente de 3,907380; hoy en día este coeficiente no valdría, pues el número de hijos por familia ha disminuido drásticamente.

Evolución histórica de la población de Valderrodrigo

En el cuadro anterior vemos la evolución de la población de Valderrodrigo desde que existen censos modernos. El número máximo de habitantes que ha llegado a tener Valderrodrigo es en el 1877 con 520. A partir de ese año es un continuo descenso con dos décadas claves. Una a finales del siglo XIX y principios del siglo XX y la otra en las décadas de los años 60-80 del siglo XX.

El descenso de 126 habitantes entre los años 1897 y 1920 se debe fundamentalmente a la emigración hacia los países de Latinoamérica. La toma de la decisión de abandonar la casa paterna, la tierra que te vio nacer, de abandonar a los amigos de la infancia y la renuncia a las costumbres de toda la vida es algo muy doloroso y solo puede estar impulsada por dos poderosas razones, o porque eres un aventurero, o porque huyes de la miseria, del hambre, de la enfermedad y de la muerte. En el caso de Valderrodrigo seguramente la causa de la emigración a Latinoamérica fue esta última.

El casco urbano de Valderrodrigo no difiere hoy en día de lo que debió ser en 1.877. Donde hoy viven 144 habitantes, llegaron a vivir 520 personas, lo que nos lleva a pensar en lo numerosas que eran las familias de aquellos años y en las incomodidades de vivir en aquellas pequeñas casas que hemos llegado a conocer, hoy en día transformadas. Viviendas, por lo general, construidas con paredes de adobes y techumbres de ramas y paja bajo las tejas.

Otro período de descenso de población es el producido entre los años 60 a 80 del siglo XX, es otro período de emigración. En este caso es una emigración interior, fundamentalmente a las provincias del norte de España (Asturias, País Vasco y Cataluña) y a Madrid. La causa de esta emigración se ha de buscar en el exceso de mano de obra en el pueblo, motivado por la llegada de las cooperativas y la mecanización del campo con la llegada de los tractores.

Valderrodrigo se ha caracterizado por ser un pueblo muy trabajador y avanzado, respecto a los pueblos de su entorno, para buscar formas de evolución y mejora en el desarrollo de las labores agrarias. Por ello en el año 1964 se inicia un proceso de cooperativismo, seguramente influido por la compra de un tractor que hicieron los hermanos Venancio y Gonzalo (los Jaritos) unos años antes. Se crearon tres cooperativas (la grande, la mediana y la chica) que agrupaban a la práctica totalidad de los agricultores del pueblo. En esa época las cooperativas eran fomentadas por la política agraria del Gobierno y la mecanización del campo como es la compra de tractores, aperos para labrar, segadoras, trilladoras, la compra del mineral para abonar las tierras, fue subvencionado y el coste para los miembros de la cooperativa fue mínimo.

Fueron cooperativas de trabajo. Las tierras abiertas, que eran las que se trabajaban dentro de la cooperativa, no así las cortinas, seguían siendo propiedad de cada uno de los miembros de la cooperativa (se seguían manteniendo las lindes) y para dar los jornales, las jeras en la cooperativa se repartían en función de los cuarticos, de las piernas y de las perras que cada uno aportaba a la cooperativa y en función de esos cuarticos se distribuían los frutos que se recogían. Las cooperativas contrataron a uno o a varios tractoristas, de entre los miembros que tenían carné de conducir, para hacer las labores agrícolas.

Esta mecanización supuso que, para trabajar la tierra donde antes se necesitaba a toda la familia ahora con uno era suficiente. Se generó un excedente de mano de obra y por eso la gran mayoría de los jóvenes se vio en la obligación de emigrar.

A partir de los años 70 el descenso continuado de población debemos achacárselo al envejecimiento vegetativo. Las defunciones son mayores que los nacimientos. Actualmente las familias se componen de uno o a lo sumo dos hijos.

El espíritu de cooperativismo de Valderrodrigo continuó y fue el segundo pueblo de la provincia de Salamanca, después de Cantalapiedra (1953), en pedir la concentración parcelaria en 1971.

Años después se creó la cooperativa Cogalad, dando entrada a productores de otros pueblos del entorno, teniendo como objetivo social la comercialización de la leche de oveja. Hoy en día, integrada en otras cooperativas de grado superior, se dedica también a la comercialización de carne de bovino y ovino y a la fabricación de piensos. La cooperativa COGALAD ha sido motor económico y defensa de los agricultores de la zona noroeste de la provincia de Salamanca y ha contribuido, más que ninguna política de las diferentes administraciones, a fijar población en un territorio abandonado a su suerte.

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